
Aúllan lágrimas
en laberintos de sentires
que se escapan de las manos.
Maraña de pensamientos inconvenientes
reptan en el baldío del alma.
Gritó la herida,
desgarrando silencios
anudados en los ojos
perdidos en el punta de fuga
de un dolor.
(Intentando llenarlo con algo. Y atrapar al "ladrón de mi cerebro" !!!)

Quinto cigarrillo
del insomnio,
cuentan estrellas
entre el humo.
De cuarto en cuarto
pateo pensamientos
que caen muertos
de aburrimiento.
Deslizo páginas
de libros infinitos.
Letras bailan escondidas
en mundos imaginados.
Extraviada en canciones,
rasguñan el aire.
Ahogan el corazón.
Lo hacen llorar.
Agotada
retorno a las frazadas.
Derrocada
Me dejo atrapar.
Anochece.
Soledades inundan el aire
y mis manos.
Se tallan a golpe de silencios
algunas lágrimas.
Una tonada en la radio
llena cada rincón vacío
con el sabor añejo
del último beso nuestro.
Caigo en un laberinto de espejos
que expulsa tu imagen
y dispara recuerdos.
Se alimenta de mí.
Goloso de melancolía,
me devora
y me deshecha
sin compasión.

Hurgar las grietas de tus palabras
para descubrir los huecos oscuros
que embelezan mi morbo.
Espiar tu mirada,
para descubrir tus secretos
más impertinentes.
Fisgonear los surcos de tu frente,
entrometerme en tus secretos
para desconocerlos.
Pasear por los sentires.
Curiosear hasta en los silencios.
Despedirme.
Llevarte en algún lugar,
en un trozo de recuerdo
y no volverte más.

Domingo de horas lentas
que amanece entre el asfalto
empapado por el rocío
de una noche indiferente.
Quietud apretando la garganta.
Me ahoga.
Corro.
Escapo del silencio
concebido por lágrimas
y tristezas de melancolía caprichosa.
El domingo se resbala
entre horas inagotablemente confusas.
Pronto llegará la noche
a consolar mis heridas
vaciadas de un después.