Apilo desgracias
que juegan ruleta rusa
con el revolver del tiempo,
cargado con balas
de segundos infinitos.
Me apuntan a la cien.
Descerrajan sus muertes.
Deforman mi cara.
Me desparramo en sus cráneos
que no miran,
pero ríen.
Late la ciudad prometida
detrás de los barrotes
de dolores que se oxidan,
por heridas que sanan
y vuelven a reverdecer.
Traspiran los ojos.
Lucha despiadada
del vacío inmenso
que no se atreve a saltar.
Sueño que envejece
en cada mañana nublada.
Mientras tanto, el tiempo anda
entre lágrimas, mates
y mi propia traición.
Me supuse caminante
de calles a cielo abierto,
disfrutando del paisaje,
sonriéndole a las inmundicias
de la vida sin sol.
Un rayo repentino
de dolor iluminado,
me mostró en un flash
de visión angular,
que era apenas un callejón.
Espejismo ilusorio
de ojos que se engañan
frente al espejo sin humildad.
Escenario con cielo
de arabescos afiligranados.
Ruido blanco propalado
por mi boca mortecina.
Luz de gas
en los reflectores del alma
enceguecen la perspectiva
para el amar.
Sensaciones escabullidas
en manos de arena.
Aplauden de pie
su gran triunfo,
mis miserias.
Telón abajo
como párpados
que buscan la existencia
de un nuevo sueño
donde volver a anhelar.