Desnudez insolente de palabras
danzando en transe
alrededor de cataratas de desilusiones
que empañan el eco de un sueño,
quebrado por secuencias de mentirosas bocanadas
de turbia emotividad.

Llegar hasta el fondo.
Tocar el vacío.
Construir olvidos y
perder añoranzas
bajo un diluvio de lágrimas,
con una copa de vinos,
varios cigarrillos
y el sinfín de blues
acariciando la piel.
Mientras, la noche invade desde el ventanal
más que la soledad.
Después de todo,
los recuerdos se hacen
de amores perdidos
Te entregué mi puño de verdades
que retrucaron tus mentiras negras
y patearon los silencios
de pocas palabras.
Me fui con aire ganador
del callejón mal oliente
donde los amores van
a caer en desgracias.
Tarareo soledades
que le sonríen.
Barajar.
Volver al juego.
Lejos de la cárcel
de tus miradas fingidas.
I-
Con malabares alquímicos
invoqué a los dioses
del infierno del olvido.
Pero ya había olvidado tu nombre,
tu perfume y tu recuerdo.
No tuve ofrenda de amor,
el corazón no había sentido.
II-
Puse flores en la tumba del amor.
Amor ficticio,
nunca sentido.
Lloré por mi soledad profunda.
Soledad simulada
detrás de tu presencia traslúcida.
Me despedí del pasado.
Juré no volver a creer
en dioses inexistentes.
III-
Miserias en el alma
que espantan hasta a los fantasmas más temidos.
Miedos que prepotean al vacío.
Deshecho a los temores
Y a la mugre que empañan mis ojos.
Soy de las que anda entre melancolías
y recuerdos insomnes entre mis sábanas frías,
pero olvidé cada letra de tu nombre.
No quedó muesca alguna en mi alma
de tu paso por mi días.
Soy de las que extraña por las mañanas,
el perfume de los sentires que acariciaron la piel,
pero ya no deseo tu nada
esparcida en besos y abrazos vacíos
paridos en tu corazón de oquedad absoluta.
Soy lo que llora tristezas, anida en ausencias
y respira soledades que no marchitan,
ya puedo verme a los ojos, sonreírme
y susurrarme al alma: